'De brutas, nada': una problemática y mediocre fantasía whitexican

De brutas, nada

Amazon Prime ha acumulado en los últimos años un gran acervo de producciones del género que podríamos denominar "fantasía whitexican". Piensen en películas como Cindy la regia y Veinteañera, divorciada y fantástica, o las series El juego de las llavesAna y Cómo sobrevivir soltero. Este género, cuyo nombre acabo de inventar, se caracteriza por presentar gente superficial de clase alta viviendo vidas idealizadas con problemas sumamente triviales, donde el dinero no tiene valor real y pueden ser excéntricos, explosivos o desconsiderados con los demás sin consecuencias. Generalmente el conflicto principal gira en torno al amor y el desamor, las bodas y la soltería o el disfrute de la sexualidad "libre". La primera temporada de De brutas, nada se acaba de estrenar en la plataforma de Jeff Bezos y es tal vez la peor de estas producciones, superando en mediocridad y aspectos problemáticos a las demás series mexicanas cómicas en streaming.

Para empezar mal, esta producción está basada en la serie colombiana Los caballeros las prefieren brutas de 2010, la cual a su vez está inspirada en el bestseller latinoamericano de 2004 del mismo nombre de la actriz colombiana Isabella Santodomingo. Esta obra maestra de la literatura es como un libro de autoayuda en relaciones sentimentales que refuerza estereotipos de género muy anacrónicos, similar a los del conocido Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus. Santodomingo retoma la idea de que la psicología del hombre y la mujer es natural e irremediablemente distinta y escribe, de manera jocosa pero sin ironía, joyas de sabiduría como: 
"Que se confíen tanto en nuestra torpeza tecnológica, que dejen el celular a la vista y podamos revisarles sus mensajes y los números telefónicos de su directorio que nos parezcan sospechosos."

"Que la llanta la cambien ellos y así no nos dañemos el manicure."

"Que se arrastren. Porque nos encanta que se humillen y nos den explicaciones que sinceramente no nos interesan para así manipularlos a nuestro antojo."

"Que el complejo de culpa no les permita negarse a comprarnos la última cartera Louis Vuitton que salió al mercado."
Los caballeros las prefieren brutas
¿Literatura feminista?

La serie de 2020 se jacta de ser una actualización transgresora de la obra original, que viene a acabar con el machismo y el patriarcado. Según el director Rafael Lara:
“Muestra un universo de mujeres liberadas, modernas. Es una serie que rechaza los esquemas machistas y patriarcales que desgraciadamente todavía se siente en muchísimas producciones de este tipo y en eso ‘De brutas, nada’ marcará una diferencia”.
Y bueno, ¿de qué trata la presunta serie más feminista de todos los tiempos? Cristina (Tessa Ía) es una veinteañera que lo tiene todo en la vida—o sea, que se va a casar con un "guapo", exitoso y adinerado médico—, pero días antes de la boda descubre a su prometido teniendo sexo (en ropa interior) con otra mujer dentro de su propia casa, por lo que decide echarlo del departamento y vivir sola; una premisa muy original, sin duda. Ah, y también es una empresaria socia de una agencia de marketing, pero eso lo sabemos hasta un par de capítulos más adelante como un detalle de menor relevancia.

Sufriendo enormemente por el desamor y una supuesta falta de dinero, la protagonista decide buscar un roomie para compartir la renta de su espacioso, pulcro y moderno depa. Es así como se topa con un escritor fracasado llamado Alejandro (Christian Vázquez), quien al notar que Cristina no puede soportar a los hombres heterosexuales, finge ser gay para tener una mejor oportunidad para quedarse como inquilino. La premisa sobre la cual recae todo el conflicto de la serie es la mentira que tiene que sostener Alejandro para no ser descubierto por Cristina, ya que al parecer no existe ningún otro lugar en renta en toda la ciudad. Para complicar las cosas, él se enamora de ella mientras que ella solo lo ve como un gay best friend, manejando un discurso de "un gay es el mejor amigo que una chica podría desear". 💅

El problema gay

Durante nueve capítulos Alejandro, a manera de coartada, simula que su mejor amigo es su ex para así no levantar sospechas entre Cristina y sus amigos; incluso llega a fingir un beso gay en el primer capítulo, un recurso cómico ya muy gastado y problemático. La serie ignora cualquier tipo de verdadero conflicto social inherente a asumirse gay en la sociedad mexicana contemporánea, como la discriminación y violencia que aún sufre mucha gente LGBT+; más bien presenta la homosexualidad utilizada como una herramienta (con resultados "cómicos") que el co-protagonista utiliza para quedarse con la chica. Este tipo de "humor" debió haberse quedado en 2010, ya que en 2020 es predecible, soso y no funciona para nada, De brutas solamente lo ha revestido con redes sociales y una ambientación en los barrios de la Roma y la Condesa de CDMX, los cuales ni siquiera son convincentes porque la mayoría de la serie está grabada en Colombia.

Beso gay de brutas nada
¡Es gracioso porque no son gays! LOL

Hay otro personaje gay en la historia de nombre Rodrigo (José Pablo Minor), quien es el gay best friend original de Cristina y también socio de trabajo, quien no tiene ningún amigo LGBT+ y se carga unos graves problemas emocionales que nunca son reconocidos ni atendidos. Su papel principal es el de ser el soporte emocional de la protagonista y ser ligeramente sassy; teniendo él solo dos muy, muy breves storylines propias. 

De brutas, nada gay
Personajes memorables y transgresores
La primera es la de su relación con su sugar daddy novio (Mauricio Islas), la cual ocurre mayormente fuera de cámara. Nos enteramos de que Rodrigo recibe regalos y próximamente también un viaje a Paris, hasta que todo se arruina porque el hombre mayor se confiesa poliamoroso y el joven no puede soportarlo. El conflicto está tan poco desarrollado—ni cinco minutos en total se le dedican a esto—, que parecen más bien migajas para los espectadores gays. Presentan incluso un beso fugaz y semi-censurado de Rodrigo con otro hombre, cumpliendo otro de los clichés problemáticos que ya últimamente solo se ven en televisión abierta.

La otra historia de Rodrigo es la que cualquiera se podría imaginar, se enamora de Alejandro y este lo rechaza. Hasta me da pereza ahondar más al respecto, pero es más patético de lo que suena porque Rodrigo en el último capítulo sigue sin descifrar que su nuevo crush está fingiendo su atracción hacia los hombres.

La serie cuenta también cuenta con representación lésbica—¿o bi?, nunca queda claro—, que dobletea como representación otaku-friki. Si no puedo escribir más sobre ello es porque realmente es algo tan random que nunca queda claro si es un chiste o no.

De brutas, nada lesbianas
¡Doble diversidad! 


Feminismo risible

El feminismo de la serie es uno muy simple: significa poder decidir cuándo casarte, tener sexo bajo tus condiciones y/o ser empresaria exitosa con mucho dinero; si cumples estos tres aspectos, ¡ya eres una súper feminista! No estoy diciendo que estos puntos sean negativos, pero desafortunadamente no hay una exploración más profunda de estos temas, ser jefa incluso parece ser algo sumamente fácil y sin complicaciones por cuestiones de género.

El aspecto del empoderamiento femenino está mayormente representado por la otra amiga principal del grupo llamada Hannah (Carolina Ramírez), quien también es socia de la agencia pero ella es al menos diez años mayor que los demás. ¿Cómo se habrán conocido y formado una empresa? ¡Qué importa! Ella es la más "madura" del grupo, esto lo sabemos porque no tiene prácticamente ningún defecto: es bella, exitosa y no se siente insegura por ser soltera, al contrario, se siente muy orgullosa de ello. Tiene sexo casual con muchos, muchos hombres—¡hasta los tiene organizados por día!—, y nunca se enamora de ellos pues su carrera y satisfacción personal van primero.

Hannah y becario De Brutas, nada
Nada es más feminista que seducir a tus subordinados.


Hannah es un imán sexual fuera de control al que nadie puede resistirse, ni siquiera uno de los becarios de la oficina, quien en su primer día le "tira los perros" a su jefa a pesar de no tener ni un minuto de conocerla. Ella, muy empoderada y profesional, demuestra que tiene el control de la situación rechazando al muchacho inicialmente, pero de manera sexy y sugestiva, claro. Al final del episodio, el chico no puede más con la tensión sexual y decide renunciar, por lo que ahora Hannah ya se siente con la libertad de tener sexo desenfrenado con él dentro de la oficina. #FemaleEmpowerment


De brutas, nada
Cristina en uno de sus ataques de locura cute.

Cristina, por su parte, no tiene un verdadero desarrollo de personaje fuera de superar a su ex. Su cerebro de 2010 jamás registra la obviedad de las mentiras de Alejandro, incluso después de besarse con él o de conocer a su ex novia, quien confiesa abiertamente haber estado comprometida con él. Nuestra protagonista es como una niña ingenua que apenas está descubriendo el mundo, portándose chiflada y haciendo rabietas cuando las cosas no salen como ella quiere, siendo también tóxicamente celosa cuando sus amigos pasan tiempo con alguien más que ella. A pesar de decir una y otra vez que tiene problemas de dinero, nunca limita sus gastos e incluso remodela todo el departamento y lo vuelve a pintar, como señal de que ha superado por fin la cancelación de su boda. Afortunadamente el mundo conspira a su favor, sus amigos y otras nuevas personas en su vida la apoyan incondicionalmente y nunca sufre consecuencias por nada. ¡Qué suerte ser ella!

Otro personaje de importancia es Graciela (Diana Bovio), la hermana de Cristina, quien es una ama de casa en un matrimonio monótono y sexualmente insatisfactorio. Por alguna razón la serie pasa demasiado tiempo con ella y su aburrida familia, con varias subtramas genéricas, a nivel de La rosa de guadalupe, como que el hijo quiere ser influencer o la sospecha de que su esposo la engaña. Ella también es enfermizamente celosa pero nunca aborda el tema de manera asertiva, los resultados son más cringe que cómicos. Para los últimos capítulos de la temporada su familia casi se ha desintegrado porque ella no puede comunicarse como gente normal, o de perdido ir a terapia. Pero bueno—who cares?—, ella es tan extremadamente chusca que se lo perdonamos. 

Graciela De brutas, nada
¡Ser modelo de Instagram no es nada fácil! LOL


Mediocridad whitexican

Una serie con malos personajes está destinada a fracasar, pero De brutas no se queda solamente ahí, sino que parece que se esmera ser mediocre en muchos otros aspectos. Algo que resalta inmediatamente es el extraño híbrido de país que podríamos llamar Mexicolombia, evidente por los interiores y algunos exteriores que, aunque muy bellos, no parecen México. También hay múltiples personajes prominentes con acento colombiano, incluyendo el 99% de los extras. No sé si haya sido por presupuesto o para apelar al público colombiano que conoce la obra original, pero el resultado es innecesariamente distractor.

Algo también sumamente distractor es la dirección amateur de los episodios. Parece que el director Rafa Lara tiene una aversión a las tomas estáticas, porque cada cinco minutos la cámara está girando alrededor de los personajes sin alguna intención evidente. Romper la elemental regla de los 180° también es algo frecuente y no tiene ningún fin dramático real. En el último capítulo varias veces hay unos errores de iluminación o corrección de color donde la imagen cambia notoriamente de un momento para otro en la misma toma; esto es inadmisible en una producción con tanto presupuesto.

Los personajes están tomando alcohol en la mayoría de las escenas de interior, no solo en bares o restaurantes, dentro de las casas, en el trabajo y hasta en una tienda de ropa. ¡Ni siquiera en Mad Men tomaban tanto! No hay ningún comentario sobre el alcoholismo, sino que más bien parece que el director cree que es algo cool estarse embriagando todo el día.

Alcohol De brutas, nada
Nada como una copa de champán mientras andas de shopping.

Mexicolombia es como una tierra de fantasía donde vive mayormente gente de piel clara que se la pasa alcoholizándose y haciendo el mínimo esfuerzo en su trabajo, pero siempre le va bien pase lo que pase. Los problemas de dinero se resuelven por arte de magia y son más bien como molestias intrascendentes como morderse la lengua. Hay una sensación de falsedad y superficialidad que permea esta producción que la hace muy difícil de digerir. Incluso los actores se perciben sobreactuados y hasta incómodos; Tessa Ía ya ha demostrado en Desenfrenadas que es buena actriz, pero aquí suelta unas carcajadas tan dolorosamente falsas que te matan del cringe. Nada es gracioso en este mundo artificial donde los adultos se comportan como niños chiflados cuyo humor es una mezcla entre serie juvenil de Disney y rom-com gringa de los 90.

Los guiones de los episodios son un desastre, estableciendo situaciones y luego ignorándolas. El mencionado becario es introducido como el amigo de Cristina, pero cuando no vuelve a aparecer nadie jamás vuelve a preguntar por él. En ocasiones los personajes se reúnen y comienzan una conversación y luego la escena se corta para posteriormente mostrarlos en otra locación hablando sobre la plática que tuvieron. El abuso de mensajes de texto y pantallas de celular es trivial, para recordarnos que todo ocurre en la actualidad. Y ni hablar de la intrascendencia o inverosimilitud de muchos de los sucesos de la trama, realmente parece que los guionistas jamás han tenido que rentar o siquiera han compartido depa. La producción espera que el espectador sea tan complaciente que con solo poner gente guapa bebiendo en espacios bonitos es suficiente, sin importar lo que hagan o digan. 

Si esta fuera la única serie que enaltece y presenta como aspiracional un estilo de vida (idealizado) de la clase alta no habría problema, pero esta es una de ya tantas producciones enamoradas con este minúsculo sector de la población. Como estos problemas no son realmente familiares para la mayoría de la gente, se necesitaría un humor inteligente para hacerlo satisfactorio, pero este evidentemente no es el caso. Y para acabarla, presenta unas versiones francamente penosas y huecas de los temas de diversidad sexual y feminismo que pretende explorar. Por alguna razón Sony ha invertido muchos recursos para que este producto triunfe, pero realmente no se lo merece, ni el público debería aceptar este tipo de porquerías. Muchos medios nacionales como Milenio (léase bajo su propio riesgo) alaban esta basura, pero espero haber aportado un contra-argumento que ayude a que nadie pierda su valioso tiempo con estas brutas.

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